110 Años de Historia

Recorrer la historia de la Bodega Humberto Canale es transitar prácticamente por toda la historia del Alto Valle del Río Negro: desde sus comienzos con la llegada del ferrocarril y los canales de irrigación, hasta el día de hoy, once décadas y cinco generaciones después.

Los comienzos de la Bodega:

humberto canale

La bodega tuvo su origen en 1909 poco después de la Conquista del Desierto (entre 1878 y 1885) cuando su fundador, el Ingeniero Humberto Canale recorrió la zona para implementar los sistemas de irrigación de la región junto con otros directivos de Obras Públicas del gobierno del General Roca (1898-1904).

“Los territorios que acabamos de recorrer, con el auxilio del ferrocarril, en un tiempo no muy lejano serán asiento de poblaciones y de industrias nuevas. […] No pasarán muchos años sin que este valle del Río Negro, a semejanza del valle del Nilo, dotado de una fertilidad igualmente asombrosa se convierta en un emporio de producción y riqueza.” 

Presidente Julio Argentino Roca (1899)

“Esta experiencia que quisiera compartir con ustedes, es sólo un pequeño eslabón en la historia de la civilización, pero es muy importante en la trayectoria de una empresa familiar.

Conocí a mi tío abuelo Humberto Canale cuando yo era un chico con pantalones cortos y él un hombre maduro con unos pocos pelos blancos en su cabeza. Recuerdo que vivía solo en los altos de la panadería Canale, situada en las calles Defensa y Cochamba, en pleno corazón del barrio de San Telmo.

De vez en cuando mi madre nos ordenaba a mi hermano y a mi hermano a acompañar al tío Humberto durante los almuerzos de los domingos. Humberto nos contaba distintos episodios de la historia del país y sobre su emprendimiento en la lejana Patagonia.[…]“*

*Centenium por Guillermo Barzi Canale 

Centenium (pdf)

por Guillermo Barzi Canale

José Canale llega a la Argentina en 1860

José Canale, de origen genovés llega a la Argentina en 1860 y al poco tiempo conoce a Blanca Vaccaro, una descendiente de genoveses a quien hizo su esposa. El matrimonio se estableció en Buenos Aires, donde nacieron sus hijos: Juan Bautista, Amadeo Juan, Julio, Herminia y Humberto. En el barrio de San Telmo, en Defensa y Cochabamba, Jose y Blanca abrieron en 1875 una panadería, la Panadería Agraria, que sería el germen de un emprendimiento familiar de dimensiones.

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Diez años después de la fundación, la familia hizo su primera inversión de envergadura, importaron las primeras máquinas que le permitieron ampliar su producción. Don José murió un año después, apenas con 44 años. Su viuda, sola y con sus cinco niños, “se arremangó y se hizo cargo del negocio, de un negocio que empezaba a ser conocido por sus bizcochos y sus panes dulces. Mi bisabuela –cuenta Guillermo Barzi–, una italiana muy enérgica, logró salir adelante”. Sus hijos varones estudiaron en la Academia Británica y sólo Humberto siguió estudios universitarios. El resto de su familia se sumó a los trabajos de la panadería, que en 1905 ya era un establecimiento industrial. En esa fecha construyeron la primera planta de los bizcochos Canale en Capital Federal. Amadeo Juan Canale, con el tiempo, asumió la administración del negocio, que con él se expandió y convirtió en sociedad anónima. En 1912 la firma sumó la fábrica de latas que acompañaron a varias generaciones de argentinos. Amadeo Juan Canale, abuelo de Guillermo Barzi, se casó con Teresa Copello. Sería el único de la familia que dejaría descendencia. Sus hijos son: Blanca Gerónima, José Manuel, Amadeo Argentino, Manuel Luis y María Magdalena.

 Humberto Canale se recibió de ingeniero civil en 1902. Poco después fue nombrado funcionario del gobierno de Julio Argentino Roca. “Allí conoció al ingeniero Huergo, con el que forjó una larga amistad. Ambos eran funcionarios de la Dirección de Obras Públicas –relata Guillermo–, de una dependencia que se llamaba de ‘Navegación y Puertos’. Juntos trabajaron en las obras de canalización del río Bermejo y juntos llegaron aquí, para trabajar en las obras de irrigación del Alto Valle. Durante esta incursión en la zona decidieron comprar tierras y, desde entonces, participaron activamente del desarrollo de la Colonia Agrícola”. Era el tiempo del despertar del Valle, de la gran metamorfosis que traería el verde. En 1909, Huergo y Canale compraron 400 hectáreas. En 1912 la propiedad ya tenía 200 hectáreas plantadas con viña, con cepas que Canale trajo de Francia. Años más tarde, plantaron frutales. En 1913 nació el Establecimiento Fruti-vitivinícola Huergo y Canale, con eje en una bodega de avanzada para la época. Poco tiempo después murió Huergo y Humberto Canale resolvió seguir adelante con el emprendimiento. La sociedad terminó en 1930 y Humberto se hizo cargo del 100% de la empresa.

En esta nueva etapa que se iniciaba el grupo Canale estaba en franca expansión con “la fábrica de bizcochitos”, como Guillermo los recuerda afectuosamente. “Humberto había puesto todas sus fichas acá en Río Negro –relata Barzi–, desarrollando la bodega y una fábrica de productos vinculados a la industrialización de la fruta local y mi abuelo siguió con la panadería en Buenos Aires”. Uno de los secretos del afianzamiento de la empresa familiar se explica en que ambos emprendimientos se desarrollaron en paralelo pero se unieron en la comercialización. Durante ese tiempo se consolidó la matriz productiva de la familia. Canale comenzó a producir fruticultura en la década del ’30. “Era un tiempo fundacional en el Valle, la economía se organizaba y Humberto y Juan, como buenos tanos visionarios e industrialistas, inmediatamente armaron un proyecto para aprovechar íntegramente la producción que entonces, ante un deficiente transporte, falta de frío y factores climáticos, se perdía en un alto porcentaje. Al principio llevaban la fruta a los galpones de la AFD en J. J. Gómez, pero terminaron levantando un galpón a pocos metros de la bodega. A la generación intermedia, a la de mis tíos, le tocó cargar los cajones cosecheros para llevarlos a la estación, donde esperaban los vagones que se refrigeraban con barras de hielo. Iban con 10 cajones y volvían con 9. Eso los decidió a potenciar la industria, a hacer conservas, dulces, frutas confitadas, fruta desecada”.

Paralelamente y en pos de la diversificación se montó un aserradero, que fabricaba cajones para la empresa y para terceros y comercializaban caldo de sidra. Uno de los primeros administradores del establecimiento Canale fue Ernesto Tuduri; el ingeniero Canale fue presidente de la firma hasta su muerte, en 1957. En la década del ’40 el establecimiento le vendía fruta embalada a la firma Hudson Ciovini y Cía. Por esa fecha, todos los productos industrializados que se producían en el Valle, incluidos los vinos (que se fraccionaban en Buenos Aires), eran comercializados por la firma “Viuda de Canale e hijos”, que ya tenía sucursales en las principales ciudades del país. En 1947 se creó en el Valle Productos Alimenticios Conservados (PAC), sociedad en la cual el Establecimiento Canale participaba con un 56,8% junto a un grupo italiano. En este tiempo ya se iniciaba el cambio generacional dentro de la empresa familiar.

Recuerda Guillermo: “Humberto vivía arriba de la panadería, que ya era una panadería de lujo. Mamá nos mandaba a mi hermano y a mí a visitarlo los domingos. Yo tendría 8, 10 años, todavía usábamos pantalones cortos. El era un hombre grande, solía almorzar con el administrador de la panadería que se llamaba Guastavino. Terminábamos de almorzar y Humberto nos daba permiso para ir abajo. Abajo era el paraíso (la panadería). Me acuerdo de los frascos enormes de vidrio que guardaban los caramelos La Gioconda, los helados, las masas; para nosotros, el gran festín…”.

Para ese entonces, Humberto Canale venía al Valle una vez por año. Pero la transición con un miembro de la familia se concretó en este tiempo. Manuel Luis Canale, sobrino de Humberto, sería quien lo sucedería en el manejo de la empresa sureña. Humberto Canale murió el 24 de febrero de 1957. Tres años antes la firma ya se había constituido como Sociedad Anónima, reinvertía en tecnología nueva y atenuaba los impactos sufridos por el clima o por los avatares económicos del país gracias a la diversificación productiva. La década del ’60 llegó con grandes cambios para la firma. En 1957 el establecimiento amplió su secadero, compró tractores, una nueva máquina para la sidrera, una máquina armadora de cajones y un refrescador de mostos. La comercialización se siguió haciendo por medio de Canale SA y la fruta la exportaban a través de Tres Ases. En esta década también se invirtió para mecanizar la cosecha y Canale se convirtió en la primera empresa de General Roca en usar bins y toda la tecnología asociada a este cambio.

En tanto, Guillermo Barzi Canale, hijo de Roberto Barzi y María Magdalena Canale, perdía a su padre a los 16 años. Esta circunstancia lo acercó a su tío Manuel, que lo invitaría a seguir sus pasos en el Valle. Cuenta Guillermo: “Estudié Agronomía en Buenos Aires. Me recibí a los 21 años. La elección de mi carrera no tuvo absolutamente nada que ver con la bodega. No tenía ni la más remota idea de que iba a terminar acá. Es más, cuando me recibí pensé en hacerme cargo de unas tierras que teníamos en la Pampa Húmeda y en ese momento Manuel me dijo: ‘En Río Negro tenemos una propiedad desde hace unos años. Me gustaría que me acompañes, que veas lo que estamos haciendo’. Yo había estado dos veces en la zona, pero sólo de paso a Bariloche. Bueno, vine con él ese verano y estuve aquí todos los veranos que siguieron a ése…”. Guillermo llegó al Valle en 1964. “No tenía noción de lo que era una empresa. Ese verano me empecé a interiorizar en el tema, hasta convertir la actividad en una pasión y éste casi en mi lugar en el mundo.”

Manuel murió nueve años después de aquel primer viaje con Guillermo (en 1973). El establecimiento tenía una sólida posición, seguía expandiéndose y era uno de los complejos agroindustriales más importantes de la región. “Poco a poco fui asumiendo responsabilidades en la empresa y las circunstancias me obligaron a suceder a Manuel, tras su muerte prematura. Tuve que asumir joven, sin alguien que me cuidara las espaldas. De algún modo Manuel me preparó para eso, confió en mí, fue mi gran maestro en términos empresarios. Durante mis primeras temporadas en la bodega mi tío se quedaba en Buenos Aires y yo me quedaba acá, con el ingeniero agrónomo que teníamos entonces, un tipo bárbaro, Rolando Fraternalli. Mis otros grandes maestros fueron mi madre, un amigo de mi tío Manuel, Julio Matarazzo, empresario exitoso en el que me apoyé mucho cuando murió mi tío y, sin duda, recibí las enseñanzas de Raúl de la Mota, maestro para gran parte de los industriales de la vitivinicultura argentina”.

En 1981 Guillermo asumió el control de la firma. Le tocó a él potenciar el exitoso emprendimiento familiar. Cuando intenta enumerar las razones del éxito, responde: “Primero, Humberto y Manuel fueron tipos muy lúcidos e inteligentes y, sobre todo, laburadores. Porque yo creo que si hay algo que destacar es que nunca le escatimamos al trabajo duro. Siempre estuvimos al pie del cañón. Fuimos cadetes, directores, gerentes, lo que nos tocara, pero siempre estuvimos encima de la empresa. Segundo, creo que nuestros productos siempre han sido de calidad y tuvimos un consumidor muy fiel. Todo esto nos permitió, durante las peores crisis, mantenernos en el mercado. Pero esto no es todo, porque vos podés trabajar mucho y te puede ir mal. Hay otro ingrediente: siempre fuimos ordenados y austeros. Esto me lo transmitió Manuel, a no aventurarnos más de lo que podíamos. Nunca hicimos cosas disparatadas, fuimos consolidando una posición y pasando a la siguiente”.

La década del ’70 será recordada por nuevos cambios tecnológicos que llegaron para la producción: en 1973 se instaló el riego por aspersión, se apostó 100% a la producción de vinos finos y se adaptaron las plantaciones y la tecnología para este tipo de producción. La crisis que vivió el Valle durante el Proceso impactó en la empresa, pero pudo atravesarla. Aun así, llega una profunda transformación. El aserradero había cerrado, el secadero se había reducido al mínimo y Guillermo se vio obligado a hacer cambios. Se propuso independizar el establecimiento de la sociedad anónima y consolidar posiciones en el mercado, con una actitud más audaz. “En la década del ’70 salimos al mundo con algunas empresas de la Asociación Vitivinícola Argentina. En 1978 empezamos a exportar junto a 11 bodegas mendocinas. En 1987 participamos por primera vez en un concurso en Francia y obtuvimos tres medallas de oro. Y desde entonces fue el boom. Con el 1 a 1 invertí en tecnología al máximo para estar a la altura de ese desafío. La última temporada tuvimos un millón y medio de botellas de los mejores vinos de la Patagonia”.

En 1993 Canale SA fue vendida al grupo Macri. “La bodega quedó en nuestras manos. El grupo Macri comercializó nuestros vinos dos años, pero en 1995 decidimos hacer nosotros la comercialización. Una apuesta fuerte en este plano. Allí me acompañaron mi hijo ‘Guillo’, director comercial, Juan Garabito y un grupo de gente que nos acompaña fielmente. Un reconocimiento aparte es hacia los destacados enólogos que pasaron por nuestro establecimiento”.

Actualmente el Establecimiento Humberto Canale tiene 500 hectáreas, 150 de viñas y el resto de frutales que comercializa como socio de PAI.

Guillermo Barzi Canale se casó con Inés García Oliver, con quien tuvo cuatro hijos: Guillermo (“Guillo”), Martina, Lucrecia y Germán. “Mi elección de trabajar en el establecimiento fue a conciencia –resume Barzi–, volvería a repetir la experiencia. Ha sido una actividad compleja pero muy gratificante. Además tengo la enorme satisfacción de estar hoy acompañado por uno de mis hijos que ya inició el relevo generacional, el bello desafío de continuar con una empresa familiar exitosa”.

Entrevista a Guillermo Barzi Canale – Diario Río Negro 08-09-2007

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